27 de enero de 2014

Michel Houellebecq: sobre la publicidad.

“La publicidad instaura un superyó duro y terrorífico, mucho más implacable que cualquier otro imperativo antes inventado, que se pega a la piel del individuo y le repite sin parar: ‘Tienes que desear. Tienes que ser deseable. Tienes que participar en la competición, en la lucha, en la vida del mundo. Si te detienes, dejas de existir. Si te quedas atrás, estás muerto’(…).

”La publicidad fracasa, las depresiones se multiplican, el desarraigo se acentúa; sin embargo, la publicidad sigue construyendo las infraestructuras de recepción de sus mensajes. Sigue perfeccionando medios de desplazamiento para seres que no tienen ningún sitio adonde ir porque no están cómodos en ninguna parte; sigue desarrollando medios de comunicación para seres que ya no tienen nada que decir; sigue facilitando las posibilidades de interacción entre seres que ya no tienen ganas de establecer relación con nadie”.


Michel Houellebecq, El mundo como supermercado.

La imagen de hoy: "Yo sé que ustedes recogerán mi nombre", de Gorriarena.


Reseña Intempestiva: "El amor es más frío que la muerte", de Rainer Werner Fasssbinder.

Primer film de Rainer Werner Fassbinder. En blanco y negro, está constituido por un número limitado de escenas filmadas con la cámara fijada en algún punto. Y el movimiento de la película es el movimiento interno a cada escena o el travelling que se deduce del seguimiento de los personajes en sus desplazamientos. Prácticamente no hay trabajo de montaje entre tomas, sino sólo entre escenas. Y los cortes entre escena y escena son generalmente abruptos y con frecuencia implican un importante salto de tiempo.
Cuando la película comienza, Franz (el propio Fassbinder) lee el diario mientras fuma en un ambiente cerrado y despojado, en compañía de otros que uno puede suponer son sus secuaces. Uno de esos hombres le pide un cigarrillo de mala manera, le quita el diario y lo tira al piso. El director no se preocupa demasiado para justificar semejante actitud, que aparece como forzada y grotesca. Franz se incorpora, lo mira desafiante durante unos segundos y luego lo golpea hasta dejarlo inconsciente. Ya sabemos quién es el que manda en el grupo. En ese mismo momento entra un hombre negro con el torso desnudo. Este hombre les ordena que se queden quietos. Un corte nos conduce a una escena donde Franz está sentado, maniatado y con los ojos vendados. El negro y otro hombre calvo le hacen algunas preguntas que Franz contesta parcamente. El hombre calvo trata de persuadir a Franz de que trabaje para ellos, pero Franz se niega, es golpeado pero no cede. Es conducido inconsciente al mismo espacio donde se inició la película, el espacio donde va a conocer a Bruno, otro de los prisioneros, interpretado por Ulli Lommel. Franz le anuncia que va a ser liberado dentro de unas horas. Y le da a Bruno su dirección en Munich para que lo vaya a ver cuando lo dejen ir de allí. Otro corte nos ubica en el tren en el que Bruno viaja a Munich en pleno día. Una intensa luz se filtra por la ventanilla del camarote individual del tren. Bruno está sentado frente a una mujer joven y hermosa que realiza diferentes gestos para insinuarle que tengan sexo. La mujer incluso se desabrocha la camisa y le deja ver a Bruno parte de su cuerpo desnudo. Bruno no reacciona, se limita a contar que a los doce años mató a su padre y a los dieciséis mató a un hombre con la pandilla de la que formaba parte. La mujer entiende la respuesta de Bruno como un rechazo y se abrocha la camisa.
En la escena siguiente Bruno se toma en la puerta de la estación un taxi Mercedes Benz que lo deja exactamente en la dirección que le dio Franz. Lo atiende por la ventana una mujer que es sin dudas una prostituta. La mujer le informa que Franz ya no vive allí y no sabe adónde se ha ido. Bruno le pregunta si se ha ido con su novia, la mujer asiente y Bruno le pregunta cómo se llama la novia de Franz. La puta, interpretada por Hanna Schygulla, le informa que se llama Johanna. A partir de este momento, Bruno buscará a Franz a través de las preguntas sobre el paradero de Johanna. En plena noche, Bruno está al volante de un auto detenido. Una mujer con la camisa bien abierta que deja ver los senos casi en su totalidad le da la dirección de Johanna, trata de tener alguna intimidad con él pero Bruno la rechaza. Otro corte nos ubica directamente en el departamento en el que vive Franz con Johanna. Llaman a la puerta, preguntan por Johanna, Franz se ubica a un costado y le ordena a la mujer que abra. Entra Bruno, Franz le ordena que levante las manos, Bruno gira un poco la cabeza, sonríe, le aclara que es él, Bruno, que ha logrado encontrarlo después de buscarlo mucho. Franz lo reconoce y le cuenta que está escondido porque hay alguien que quiere matarlo. Un turco proxeneta ha sido asesinado y el hermano del turco lo culpa de esa muerte. Bruno con tranquilidad replica que debe matar al hermano del turco que lo obliga a estar escondido.
A partir de este momento se inicia una convivencia entre los tres. Johanna sabe que Bruno se siente atraído por ella pero se ríe de sus avances y lo rechaza. Franz le pega por mostrarle semejante desprecio y deja en claro que considera a Bruno su amigo.
En un bar los tres cumplen el plan para matar al hermano del turco. La ejecución queda en manos de Bruno, que también mata sin piedad ni justificación a la camarera que los acaba de atender. Luego de este hecho los tres avanzan largamente por un camino pedregoso y son seguidos por un travelling que retrocede hasta que son detenidos por un policía que les pide documentos. Franz se resiste, el policía intenta sacar un arma pero es asesinado por Bruno.
En la escena siguiente vemos a Franz en la comisaría contestando el interrogatorio de un inspector que lo acusa de haber matado al turco. Franz responde que no sabe nada del asunto y que sólo espera que se cumplan las veinticuatro horas reglamentarias para irse. Mientras Franz soporta el interrogatorio, Johanna en el departamento se desnuda por completo y se acuesta junto a Bruno.
Franz sale de la comisaría, Bruno lo espera en la calle para llevarlo en auto hasta el departamento. En el auto hablan del plan del asalto al banco que tienen proyectado para el día siguiente. Y ya en el departamento lo único que les resta es esperar a que llegue por fin la mañana del asalto. Johanna cose su blusa y permanece con los senos desnudos. Llaman a la puerta, Franz y Bruno se alarman. Johanna va a abrirle con los senos totalmente al descubierto. Entra un hombre rubio que la ve y se abalanza sobre ella, sin advertir que Franz y Bruno también están en el departamento. Johanna logra detenerlo y señalarle la presencia de ambos. El hombre rubio queda atónito, Franz se le acerca y le pega hasta dejarlo inconsciente. Bruno saca al hombre del departamento, busca en la calle un auto que no tenga puesta la traba de la puerta. Casi enseguida encuentra un Citröen. Con bastante esfuerzo mete el cuerpo del rubio en el asiento trasero del auto a plena luz del día. Lo lleva a un basural y le apunta con el arma en el mismo momento en que el hombre rubio recupera la consciencia. Bruno lo mata sin vacilar. Se produce un corte por el cual Bruno aparece en una sala de juegos eléctricos. El y un desconocido juegan cada uno en un “flipper”, el uno junto al otro. Ambos hablan sin dirigirse la mirada. Bruno le pide a su compañero de juego que al día siguiente, en el momento del asalto al banco, se ocupen de “ella”.

En la escena siguiente, al otro día, Johanna habla sin cesar desde un teléfono público, mientras el hombre que un día antes habló con Bruno la vigila desde un auto. Johanna sale por fin de la cabina telefónica, el hombre le apunta con la mira telescópica de un arma en el mismo momento en que Bruno se dispone a entrar en el banco que van a asaltar. Sin embargo, la policía se interpone entre él y la puerta de entrada. El hombre de la mira telescópica observa la escena, arranca el auto y huye inmediatamente. Bruno por su parte trata de sacar un arma y es baleado de inmediato. Franz, que ha estado allí esperando, saca un arma y dispara contra la policía, que levantan sus manos. Franz toma el cuerpo de Bruno y lo ubica en el asiento de atrás de su auto mientras Johanna los mantiene inmóviles apuntándoles con su revólver. Franz y Johanna escapan en el auto, los policías los siguen. Johana le confirma a Franz que Bruno ha muerto y Franz le ordena que arroje el cadáver a la ruta. Johanna obedece y el cuerpo cruzado de Bruno en medio del asfalto obliga a los policías a detenerse. Franz sigue su camino a toda velocidad. Johanna le cuenta que fue ella quien llamó a la policía. Franz la llama “puta” sin demasiado énfasis. El auto de Franz se pierde en la lejanía.

21 de enero de 2014

La imagen de hoy: "Modelo desnuda sentada de perfil", de Seurat.


Lenin. Un texto sobre Stalin y una carta a Stalin.


AGREGADO DE LA CARTA DE LENIN AL CONGRESO DEL 24 DE DICIEMBRE DE 1922.

Stalin es demasiado grosero, y este defecto, perfectamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros los comunistas, se torna intolerable en las funciones de secretario general. Por lo tanto, propongo a los camaradas que reflexionen sobre el modo de desplazar a Stalin de ese cargo y de nombrar a otra persona que tenga sobre el camarada Stalin una sola ventaja: la de ser más tolerante, más leal, más cortés y más atento para con los camaradas, de un humor menos caprichoso, etc. Estas características podrán parecer un ínfimo detalle. Pero, en mi opinión, para protegernos de la escisión, y teniendo en cuenta lo que escribí más arriba sobre las relaciones entre Stalin y Trotski, no se trata de un detalle, o bien es un detalle que puede adquirir una importancia decisiva.

Lenin
4 de enero de 1923

CARTA DE LENIN A STALIN.

Al camarada Stalin
Rigurosamente secreto
Personal

Copia a los camaradas Kámenev y Zinóviev.

Estimado camarada Stalin:

Ha tenido la grosería de llamar a mi mujer al teléfono e insolentarse. A pesar de que ella le haya hecho saber que estaba dispuesta a olvidar todo lo que le había dicho, todo lo sucedido ha llegado a conocimiento de Zinóviev y Kámenev (que lo han sabido por usted). No tengo intención de olvidar tan fácilmente lo que ha sido hecho contra mi persona, y no tengo necesidad de decirle que lo que ha sido hecho contra mi mujer lo considero hecho también contra mi persona. Por tanto, le ruego reflexionar y hacerme saber si está dispuesto a retirar sus palabras y a excusarse o si prefiere romper las relaciones entre nosotros. Con estima

Lenin
5 de marzo de 1923

3 de diciembre de 2013

La imagen de hoy: "Retrato de la esposa del artista, sosteniendo la pierna derecha", de Schiele


CUADERNO INFANCIA 63


A la memoria de mi primo Chiche.


Hay un muchacho muy joven que vive a la vuelta, sobre la calle Aranguren, a unos treinta metros de Emilio Lamarca, la calle donde está mi casa. Se llama Carlos y la madre, una señora ya grande, arrugada y miope, es conocida de mi mamá. Muchas veces las he visto saludarse o conversar. Carlos tiene una moto, una Siambretta de color gris, con ruedas pequeñas. Es difícil verlo sin su moto, él y su Siambretta son como un solo cuerpo. Carlos es alto, morocho y con patillas.
En una ocasión, mi primo Chiche y yo salimos de casa, caminamos por Emilio Lamarca y doblamos por Aranguren, hacia la calle Concordia. Mi primo Chiche me lleva unos siete años, es más bien gordo, fuerte, de pelo crespo y a pesar de su volumen se mueve sin dificultad. Es casi de noche, aunque todavía no llegó la hora de cenar. Por más que quiero recordar adónde íbamos, no puedo. No puedo ahora imaginarme por qué estamos mi primo y yo juntos y solos, por qué salimos de casa, por qué caminamos por esa calle, adónde nos dirigimos y quién nos está esperando. Sin embargo, tampoco estoy seguro de que lo supiera entonces. Ya en Aranguren, avanzamos unos treinta metros. Y entonces sucede: mi primo Chiche observa la moto estacionada sobre la vereda de enfrente, en la puerta de la casa de Carlos, y se detiene como fulminado por la idea que se le acaba de ocurrir. No duda. Me dice “esperá acá” y me ubica en la oscuridad del marco de la puerta de una de las casas. En realidad, cuando me ordena que lo espere allí lo que en verdad me está diciendo es: “fijate, mirá lo que voy a hacer”. Yo así lo entiendo. Y me preparo. Mi pequeño cuerpo de ocho años, o tal vez menos, es fácil de esconder y mi primo cuenta con eso de manera instintiva. Obedezco sin vacilar. Desde mi refugio a oscuras lo observo mientras me da la espalda. No alcanzo a imaginar qué es lo que está preparando. Chiche cruza con decisión hacia donde está estacionada la Siambretta, la toma por el manubrio y golpea el pedal. La moto se enciende con un estruendo fenomenal. Mi primo apura tres o cuatro pasos y logra esconderse con gran habilidad en el marco de una puerta, también amparado por la oscuridad. Sin embargo, desde mi lugar en la vereda de enfrente puedo sentir la tensión con la que espera. No puedo creer lo que veo, no entiendo qué es lo que quiere lograr, no llego a imaginarme cómo se atreve a correr semejante riesgo. Chiche tiene la cara pegada contra la pared y los ojos pendientes de lo que está por suceder. En pocos segundos veo que Carlos, el dueño de la moto, vestido con camisa blanca y pantalón, corre a toda velocidad por el pasillo que lo conduce desde su casa a la calle. Carlos cruza el umbral y mira con desesperación para un costado y para otro, no puede controlar su respiración agitada. La calle Aranguren está totalmente vacía pero sigue tratando de visualizar a alguna persona. Yo observo la escena desde mi escondite en la vereda de enfrente, no puedo creer que todo eso esté realmente sucediendo. Sin embargo, en ningún momento siento miedo. Mi primo está oculto aunque no del todo: su cuerpo se mantiene en penumbra pero la luz del farol que cuelga sobre la calle a mitad de cuadra ilumina su cara. Sus dos ojos clavados en la misma dirección, su cuerpo enorme invadido por la tensión desde la cabeza a los pies, los brazos frenéticamente pegados al cuerpo. Carlos sigue tratando de desentrañar qué fue lo que sucedió y se mantiene en medio de la vereda, sin dejar de mirar hacia un lado o hacia el otro, sin lograr aquietar su tremenda inquietud. Mi primo Chiche, a menos de un metro, tiene los dos ojos clavados en él, que ni sospecha su presencia tan cercana. La tensión se vuelve insostenible. Carlos revisa la moto, vuelve a buscar con la mirada sin ver a nadie. Fascinado, me pregunto si mi primo está loco ya que se ha ocurrido hacer algo semejante. Toda la situación me provoca una risa que debo contener con gran esfuerzo. Por fin, Carlos deja la moto y entra nuevamente en su casa. Chiche se relaja, confirma con cuidado que Carlos ya se fue, sale de su escondite, cruza la calle, se me acerca y me dice “vamos”.  Como si esto que acaba de suceder no hubiese sucedido nunca, Chiche y yo seguimos nuestro camino hacia un lugar que nunca voy a poder saber cuál es.